Estoy teniendo la oportunidad de conocer de muy primera mano que está pasando en el mercado laboral, especialmente a través del asesoramiento que vengo dando a algunos directivos. No salgo de mi asombro al comprobar que la presión del día a día es terrible. Cada vez más horas de trabajo pero menos enfoque estratégico. Siempre dándole vueltas a lo urgente.
Observo, con más frecuencia de la que me gustaría, que hay compañías y en consecuencia directivos que, aun a la fecha de hoy, todavía no han acordado los objetivos anuales con sus colaboradores. ¿Cómo orientar la tarea sino sé lo que se espera de mi? Difícil, ¿verdad?
La dinámica es sencilla. Reunión de Comité de Dirección, al Consejero Delegado se le ha ocurrido una nueva idea inspirado por un artículo leído en la prensa económica o por una conversación en un Foro de Empresa, o porque lo ha soñado…, sabe Dios. El caso es que la dichosa idea se convierte en un reto para todos los miembros del Comité que presurosos se lanzan, y de rebote lanzan a toda su artillería, en una carrera para ver quién es el primero en llegar con la tarea hecha. Esto supone un revuelo en todos los departamentos porque mi jefe tiene que ser el primero. Consecuencia, abandono de los objetivos estratégicos, que algunos ni si quiera conocen, presión a tope y jornadas interminables. Y a todo esto sin poder ir a la reunión de padres del colegio de los niños, a pesar de que los profesores me han dicho que es muy importante.
Eso sí, en los planes de formación de la compañía hay un curso que se llama “Planificación y Gestión del Tiempo”, que sirve de manera clara para explicar a los alumnos que significa el vocablo “incoherencia”.
Hay que trabajar duro pero no anárquicamente. El trabajo duro ennoblece, el anárquico deshonra.
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