LAS VENTAJAS DE UN TRABAJO POCO CONSIDERADO, Lucy Kellaway
Un cartero coge una carta de un montón, mira la dirección y la coloca lentamente en un casillero. Entonces coge otra y repite el proceso. Cerca, un grupo de compañeros le observan. Están preocupados por él, ya que pueden ver que algo no marcha bien. Más tarde, descubren que ha sido amenazado por un violento matón, por lo que le hacen una visita y le llenan de pintura roja. Trabajo hecho, el más grande de ellos explica con aire triunfante el motivo de su heroísmo: “¡Soy un puto cartero!”.
Pocos días después de ver esta inverosímil escena de Buscando a Eric, la nueva comedia de Ken Loach, escuché esas palabras de boca de un conocido en una fiesta en un jardín de Oxfordshire –aunque sin el improperio–. La última vez que había visto a este hombre era director de márketing de una empresa que vendía cenas biológicas. Pero, desde entonces, su empresa había sido vendida a una multinacional y, después de un breve periodo como asesor del nuevo comprador, le habían obligado a salir por la puerta de atrás.
Durante un tiempo, buscó un trabajo similar, pero descubrió que en plena recesión nadie quiere pagar a un parado de 56 años un salario de seis cifras para trabajar en labores de márketing. Así que se replanteó la situación de nuevo y decidió probar con el trabajo que había querido hacer desde pequeño. Me miró triunfalmente: “Soy cartero”, anunció.
“Blimey”, le dije. “¿Qué tal es?” Me aseguró que era el mejor trabajo que había tenido en su vida. Entonces recordé la película y me pregunté si Loach tendría razón después de todo. ¿Había una camaradería especial entre los carteros? ¿O era más precisa la visión menos sentimental de los estadounidenses –de que es más probable que maten a un compañero antes que ayudarle–?
Este conocido me confirmó que sus compañeros no eran ni simpáticos ni desagradables. No existía un compañerismo reconfortante; en cambio, sí había una ligera hostilidad derivada de trabajar media jornada, ya que ellos tienen celos de los trabajadores a tiempo parcial. La moral, en cualquier caso, también estaba bastante baja. El negocio se contrae a un ritmo del 10% anual. Y los carteros se ven obligados ahora a andar más deprisa y a entregar cantidades ingentes de correo.
Entonces, ¿cuál era el motivo de su felicidad?, me pregunté. Difícilmente podía ser el dinero –su salario bruto de 235 libras (274 euros) semanales es una décima parte de lo que solía cobrar–. Pero incluso eso, señaló, no le importaba. Sus hijos ya habían abandonado el hogar y él contaba con algunos ahorros de su antiguo empleo. Consideraba que era un salario justo por el empleo que realizaba, y me comentó que la semana anterior había hecho horas extra y se había sentido rico por haber podido comprar una pizza con el dinero.
Me explicó que lo que realmente le gustaba del trabajo era que es un empleo sano. Andar durante cuatro horas era mucho mejor que estar sentado ese mismo tiempo sobre tu trasero. También confesó que le gustaba el contacto con la gente –cuando entregas el correo, llegas a saber muchas cosas sobre las personas a las que va dirigido–.
Pero seguían sin parecerme respuestas adecuadas. Entonces, dijo algo que tenía mucho más sentido. Su nuevo empleo le había permitido recuperar su libertad de pensamiento. Cuando vuelve del trabajo a la una de la tarde, no tiene que volver a pensar en él hasta las 7.30 de la mañana siguiente. En su antiguo trabajo, los asuntos de la oficina ocupaban permanentemente su cabeza.
Fue entonces cuando comencé a entender por qué ama tanto su trabajo. No tiene nada que ver con lo agradable que resulta en términos absolutos ser cartero, sino lo que supone frente a ocupar un importante cargo ejecutivo. Disfruta cargando con su carro porque sabe cuál es la alternativa. Entiende lo horrible que es pasarse toda tu vida laboral intentando hacer que la gente haga cosas que no desea y asumiendo la responsabilidad de cosas que no puedes cambiar. Lo único bueno de ser un importante gestor es el dinero y la posición; por lo demás, ser cartero es una forma mucho mejor de pasar el tiempo.
The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved
EL PUEBLO “SABIO” Y SOBERANO
Todo el mundo -sobre todo si vive de la política- se dedica a resaltar y adular la “sabiduría” del pueblo soberano.
Hace solo unas semanas salí de Madrid con 3 horas de antelación para asistir al concierto del británico MCCREESH con su conjunto de voces e instrumentos antiguos en la Catedral de Toledo. Al ser gratuito, pensé en una cola de al menos 2 horas para lograr plaza, pero la catedral estaba prácticamente vacía de pueblo “sabio” y soberano y solo acudimos unas 100 personas a un concierto de ensueño, dirigido en aquel marco incomparable – una de las grandes joyas de la arquitectura gótica- por uno de los grandes genios de la música sacra universal. Aunque algunos, si encuentran entradas, tendrán que pagar dentro de unos meses unos 80 euros de promedio en el Teatro Real por verle dirigir el oratorio Theodora de Händel en versión de concierto.
No hace mucho en una de las estaciones de metro de Washington un famoso violinista tocaba obras muy difíciles y complejas de Bach con un Stradivarius, cuyo valor económico rondaba los 4 millones de dólares. Pasaron unas 1000 personas del pueblo “sabio” y soberano en 45 minutos, deteniéndose solamente 7 personas unos instantes – y también algunos niños que tiraban de sus madres- para depositar unas monedas. El artista era JOSHUA BELL quien se mostraba al final sorprendido de que en el experimento no ocurriera nada después de cada interpretación ni bravos ni aplausos, solo un significativo silencio y 32 dólares de recaudación. Dos días antes había llenado a rebosar un teatro de Boston con las localidades a 100 dólares de promedio.
Ese pueblo “sabio” y soberano, encadenado a ideas y sentimientos viejos e inútiles, parece incapaz de dejar entrar algo nuevo en su vida y de deshacerse de todo lo que ha perdido color y brillo, si lo tuvo alguna vez, en economía, cultura y sobre todo en política. Por eso sigue acudiendo a aplaudir en masa a quienes solo pueden ofrecer bronca, incertidumbre, resentimiento, tristeza, falta de educación y conocimiento, manipulación, miedo, mentiras y sobre todo pobreza. Solamente en los primeros meses de este año esos líderes, vitoreados en los mítines y votados en las urnas por un pueblo tan “sabio” y soberano, han facilitado y promovido un descenso drástico de la actividad económica como se deduce por la caída de la demanda de energía eléctrica en un 9% o por los más 4 millones de parados o por la caída del PIB en un 3% y un largo etc.
El pueblo “sabio” y soberano sigue sin enterarse de la raíz inmoral de la actual crisis, atribuible totalmente a quienes detentan el poder económico y político, y de que la responsabilidad de la tremenda precariedad que sufren los actuales parados y muchos de los trabajadores reside en la codicia de poder y dinero de la mayoría de esos líderes políticos y empresariales y en la ambición sin límites de unos pocos, amigos de los mismos, que sin los necesarios controles públicos han generado las “ninjas “y otras hierbas y provocado el paro, la miseria y la injusticia.
Y tampoco termina de enterarse de que algunos de esos amigos del poder, otorgado por tan “sabio” soberano, siguen manteniendo sueldos obscenos en sus empresas ( cerca de 20 millones de euros en algunos casos con más de 60 millones acumulados en su plan de pensiones) e en sus “cortijos”( inexplicablemente sueldos de cerca de 3 millones de euros en algunas de las cajas de ahorros) y de que el gobierno continua dando aire y auxilio a todas esas instituciones a costa de los contribuyentes trabajadores y jubilados.
El pueblo “sabio” y soberano sabe muy bien que una cultura económica y política, que impulse la innovación, genere puestos de trabajo y ponga en marcha la economía, está fuera del alcance del actual gobierno. Esa cultura depende mucho de leyes y actitudes que apoyen e impulsen el espíritu emprendedor y éste tiene muy poco que ver con los subsidios, castas, grupos y sindicatos parasitarios que apoyan al gobierno.
Un pueblo tan “sabio” y soberano todavía no se ha enterado de que el gobierno y los sindicatos se aferran a las regulaciones y restricciones que frenan y arruinan las masivas transferencias de tecnología, capital y conocimiento especializado y a un “statu quo” muy pernicioso para la economía. Tampoco se percata de que nuestro actual mercado de capitales no está organizado para financiar las antiguas ni las nuevas pymes ni de que los políticos –a quienes reiteradamente otorga el poder su “sabiduría” – son incapaces de combinar políticas que atraigan inversiones y emprendedores extranjeros con otras políticas que reduzcan los impuestos y los gastos generales de tanto gobierno y parlamento nacional, autonómico y local, ni tienen la más mínima intención de llegar a un pacto de estado en educación ni de ampliar el gasto en la misma ni de abolir restricciones en contrataciones, despidos e inversiones.
Estamos fuera de juego y muy lejos de la estrategia de la UE en Lisboa que pretendía convertirse en una economía dinámica y competitiva basada en el conocimiento, porque ni España ni la UE parecen creer en sí mismas ni en aquel propósito de Lisboa, al tener todavía sin cumplir los deberes y la mayoría de las recomendaciones de aquella ilusionante cumbre europea.
Mantengo, sin embargo, la esperanza de que ese pueblo tan “sabio” y soberano empezará algún día a enterarse de que solo prosperan los países con dirigentes inteligentes y honestos, abiertos al cambio y al conocimiento, ideas y empuje de sus emprendedores, facilitan la creación y adaptación de nuevas tecnologías y procesos de producción, la generación de nuevas maneras de financiar, comercializar y distribuir servicios y productos y crean nuevos enfoques para organizar y gestionar las empresas.
La prosperidad, sin embargo, está totalmente reñida con los mandatarios, vociferantes, manipuladores, contumazmente mentirosos y codiciosos de poder y dinero, que dedican su tiempo a distraer al pueblo con el circo de sus disputas maniqueas sobre la nación, con aldeanismos nacionalistas, con innecesarios e inoportunos replanteamientos de leyes o píldoras que a casi nadie interesan o están simplemente volcados en vituperar a curas y obispos( casi todos pobres medio-mileuristas que con enorme generosidad y competencia atienden en sus instituciones a las víctimas de los desaguisados del gobierno) o por ganar ( no sabemos a quién) después de tantos años la guerra civil del 36.
Manuel Gonzalez Oubel ( gonzalezoubel@yahoo.es )
LA CRISIS ECONOMICA SE PUEDE CONVERTIR EN CRISIS SOCIAL
El primer ministro luxemburgués y presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, se declaró hoy “muy inquieto” por el aumento de la tasa de paro –que según las previsiones de Bruselas se situará en la eurozona en el 9,9% este año y en el 11,5% en 2010 (y en España llegará hasta el 20,5%)– y avisó de que la crisis económica podría acabar convirtiéndose en una crisis social.
“Estamos en medio de una crisis económica y financiera y vamos hacia una crisis social porque habrá una crisis de empleo”, dijo Juncker en rueda de prensa al término del Eurogrupo.
Por ello lanzó un llamamiento a la “responsabilidad social” de los empresarios y les pidió que “no procedan a despidos prematuros” o “masivos” y “recurran en los países donde este instrumento existe a los paros parciales que permitan construir un puente entre la situación muy negativa en la que nos encontramos y el retorno del crecimiento”.
EL VALOR DEL CONOCIMIENTO BIEN ADQUIRIDO
¡ Qué importante es que le traten a uno bien y le valoren! No por cifras u objetivos a corto alcanzados -que ponen en riesgo el largo plazo, desincentivan el correr riesgos, fomentan el miedo, socavan el trabajo en equipo y enfrentan a las personas- sino por conocimientos y la capacidad de generar equipo y valor en un mundo en el que la principal fuente de riqueza y crecimiento son conocimiento, ideas, relaciones y no los activos físicos
Casi dos tercios del valor total actual de una compañía se debe a los intangibles mientras que hace solo 20 años el valor era el producto de la venta de fábricas, oficinas, equipamiento, bienes raíces etc. Esos conocimientos, ideas y relaciones se traducen en patentes y propiedad intelectual, bases de datos y marcas, sistema organizativo y educación o capital humano necesarios para transformarlos en tecnologías y sistemas
En la actual crisis de un mundo globalizado las fuerzas del mercado están pujando muy fuertemente por el valor de la educación y del conocimiento de ese 20% superior de personas que trabajan de forma competente con los nuevos sistemas y tecnologías -como las TIC, Internet, las nano y biotecnologías etc- y están haciendo caer el valor del trabajo de la “vieja economía” mientras que en mi país las energías de un iluminado, sectario e incapaz presidente se gastan en promover nuevos ministros y altos cargos sin formación ni conocimiento alguno, propaganda, manipulación y palabrería.
Mas aún las carencias educativas de ese conjunto de parásitos promocionados, que vive desde temprana edad a costa del contribuyente , les llevan a desconocer el poder de esas nuevas ideas y tecnologías para crear nuevos recursos y sacar un mayor provecho de los actuales, a subestimar la generación de riqueza a través de la educación y conocimiento y a prescindir del ingente número de personas capaces de adaptarse bien a condiciones cambiantes.
El sistema formativo tiene también mucho que mejorar en muchas de las empresas por asemejarse éste al juego de aquellas personas sentadas en un círculo, donde una cuenta a la otra una historieta en voz baja, que ésta a su vez repite a la siguiente y así sucesivamente hasta que la historieta, al quedar tan distorsionada, resulta irreconocible.
Muchos trabajadores no hacen bien su trabajo porque lo han aprendido distorsionado conforme al método de la historieta. Un trabajador acostumbra a formar a otro de acuerdo con lo que él está haciendo y tal como se lo ha enseñado otro trabajador más experimentado, produciéndose un proceso de aprendizaje en cadena de unos a otros en el que resulta difícil descubrir en qué consiste el trabajo bien hecho y sobre todo cómo eliminar la parte del aprendizaje mal adquirida.
El nuevo conocimiento, ideas y relaciones traducido en un trabajo bien hecho es tarea fundamental que deben asegurar los dirigentes así como orientarlo continuamente hacia la mejora continua de todo proceso relacionado con la generación de valor para la sociedad o la empresa, clientes, usuarios y propios empleados.
Las carencias de los políticos en este ámbito son de escándalo, pero llama incluso mucho la atención que cerca del 90% de los dirigentes empresariales no sepan hacer los trabajos que supervisan ni hayan ocupado anteriormente el puesto ni realizado el trabajo de sus colaboradores. Esta bomba de relojería por falta de conocimiento en cadena puede estallar en cualquiera de las empresas, aunque ya tuvo su efecto más pernicioso y palpable en la reciente crisis de las “ninjas”.
El dirigente no puede limitarse al papel de un “apagafuegos” o “taumaturgo” ocasional, capaz de buscar y eliminar la causa especial de una situación problemática concreta, porque lo importante y esencial del trabajo de un dirigente muy educado y entrenado es –como decía Deming en “Out of the crisis”- poder garantizar el “trabajo bien hecho” y mantener así todo el sistema bajo control.
Manuel González Oubel
LOS SUFRIDOS AUTONOMOS
Los Autónomos están sufriendo, en primera línea, la actual crisis económica y la falta de respuestas por parte del gobierno. Su situación se ha visto agravada por la falta de acceso a las líneas de crédito del ICO y a los problemas derivados de la morosidad habitual de las administraciones públicas.
Los Autónomos, son auténticos creadores de riqueza y empleo y entre las soluciones a la crisis, contemplan la inmediata liquidación de las deudas contraídas por la administración con los autónomos. Además, proponen:
A) Habilitar créditos directos, sin la intermediación de los bancos privados, haciendo llegar los fondos con la misma fluidez que hoy se está haciendo llegar a los bancos.
B) Aplicar medidas fiscales de reducción de las cargas impositivas mediante la extensión de las políticas de módulos a las nuevas empresas promovidas por autónomos y PYMES durante los cinco primeros años, además de líneas de financiación con tipos de interés reducidos y/o subvencionados para financiar el IVA. Por último, proponemos una exención de contribución de la parte de aportación de la empresa a la Seguridad Social para las contrataciones indefinidas en los primeros cinco años.
C) Hacer que las deudas contraídas por las Administraciones públicas o las empresas mixtas con PYMES y autónomos que hayan vencido sean adquiridas por el ICO al nominal de su valor, incluidos los interés de demora calculados al EURIBOR más 1% o compensadas su nominal e intereses de demora, calculados al tipo de interés antes indicado, con los impuestos directos (IAE, IRPF, Anticipos a cuenta del IS, IBI…) y cargas sociales (cuota empresarial a la Seguridad Social) que la PYME o el autónomo deba de pagar en el curso ordinario de su actividad.
D) Hacer que el ICO, sin intermediación de la banca privada, adquiera (factoring) las facturas, certificaciones o cualquier otro documento que represente una deuda pendiente de vencimiento de las Administraciones públicas o empresas mixtas, sin garantía personal de las PYMES ni autónomos, a un tipo de Euribor menos 1,5%.






































